El vino en África.

Un oasis de vegetación en uno de los lugares más inaccesibles del planeta, en los confines de Namib, crecen las vides, produciendo uno de los vinos más raros del mundo, un desierto, donde las temperaturas son extremas y a pesar de recibir un mínimo de 1cm³ de lluvia al año, un fenómeno geológico permite aquí que aflore agua cristalina hacia la superficie para que reciban agua las cepas de Syrah y Merlot, mientras que una fresca brisa del atlántico y la sombras de las palmeras, protegen las uvas de un calor insoportable y solo así es probable elaborar el vino del desierto de Namib.

Allan Walkden Davis era Director General de Shell Namibia, hasta que se volvió a la tierra de Namib en 1997 para plantar aquí vides, entonces nadie confiaba en el ni en su proyecto del vino del desierto. “Muchos decían que era un sitio con mucho sol y que no tendría buenos resultados, otros que fracasaría en poco tiempo y lo dejaría, pero aquí sigo, estaban equivocados, nada de eso ocurrió”.

Cepas en el desierto, vino del desierto

De alguna manera, Allan Walkden-Davis ha creado este oasis en el desierto de Namib en el extremo sudoeste de África, uno de los lugares más secos de la Tierra.

Walkden-Davis, que tiene poco más de 60 años, se fue a trabajar, con cañas y palmeras que se plantaron allí para dar sombra a estas cepas del desierto y que poco a poco fueron creando vegetación en mitad del desierto.

"Ellos capturan la humedad de las brisas que vienen del Atlántico, a través de las dunas de arena, y poco a poco se extendió por todo el oasis".

Walkden-Davis ha decidido vender sólo su Syrah, así como una exclusiva mezcla de Shiraz-Merlot llamado Namib rojo con toques de fresa, a los visitantes en persona, después de hacer el viaje por el desierto.

Allan Walkden Davis tiene una producción de alrededor de 3.000 botellas de este afamado vino del desierto, en una hectárea de viñas muy bien cuidadas, donde el peregrinaje de los amantes del vino a este rincón perdido en África es toda una experiencia.

Los visitantes quedan asombrados por ver como evoluciona tan buena vegetación en un territorio tan hostil.

Allan Walkden Davis quiere mantener una producción de pequeña escala y dedicándose a mimar las pequeñas parcelas que tiene, cosechando la uva a mano y proteger la atmosfera que cubre este precioso rincón del desierto en África, ya que si se promocionara de forma turística perdería toda la esencia y rompería la armonía de estas cepas tan singulares.